lunes, 18 de abril de 2011

Ultima carta de Mauri

Estas palabras las escribió Mauricio Gallego Soro a la procesión de El Silencio un mes antes de irse a un lugar mejor. Bajo el negro manto de la noche, la luna ilumina el camino. El Señor y la Señora con el Silencio que domina la calle linense, van impartiendo arte; arte en su cortejo, en sus costaleros; chicotá, silencio, recogimiento… Ante los ojos de la gente que los ve pasar, la Señora está triste, aunque no falten algunos que ante una “levantá” se les escape un aplauso y un olé, que aún con dolor, la Santísima Virgen lo agradece dando ánimo a todos los que como ella, sufren. Desearía que esa amargura que año tras año recorre La Línea, nunca nos haga desfallecer y que podamos acompañarla siempre a pesar del sufrimiento, porque tras el sufrimiento viene la alegría. En la procesión sólo se rompe el silencio con la voz del capataz, el “quejío” de la Saeta y algún que otro lloro de un niño que tiene sueño o del perro que se oye ladrar en la lejanía; pero hay un sonido que se clava en la mente: el “racheo” junto con el palio al andar. Solo le faltan al Silencio unos aplausos y algún olé que endulzaría nuestro dolor. ÚLTIMA CARTA DE MI HIJO MAURI Este año no podré ser costalero. Este año no seré los pies de la Virgen. Esta primavera no me veréis salir de las trabajaderas. No compartiré los pasos de mis compañeros. Mi costal permanecerá sobre mi cama inerte después de tantos años de llevarlo. Este abril ya no podré oler ese incienso que un mes antes ya en prendía en mi casa para que no se me hiciera tan larga la espera; ya no le llevaré un ramo de azahar a mi madre. Las marchas de las bandas de música, las cornetas y tambores ya no tendrán sonido y el manto bordado de la Esperanza no me cubrirá aunque las velas sigan ardiendo. No disfrutaré de la fragancia de las flores del Paso ni el fervor de mi gente no me conmoverá. La Línea vivirá, una vez más, la Semana Santa, pero yo no estaré. Sé que me recordaréis, que me echaréis de menos, que pensaréis en nuestras “levantás” compartidas en las madrugadas de ilusión, esfuerzo y fe que motivaban aún más nuestra voluntad de costaleros. No estará mi cuerpo, pero sí mi espíritu porque, aunque lo dudéis, no me siento lejano. Nadie muere si sigue viviendo en el corazón de los que le aman y percibo que recordáis al Mauri de siempre: alegre, amante de la vida, amigo de sus amigos. No penséis en mi con tristeza. A lo mejor os doy la sorpresa de pasar toda la Semama Santa junto a vosotros, si aquí arriba me lo permiten. Mi abrazo de siempre, amigos mios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchisimas gracias por la publicacion!.
Te quiero Mauri

Anónimo dijo...

cuesta terminar de leerlo